La economía II: Los ‘mileuristas’

Uno de los fenómenos más recientes de la prensa ha sido la extensión de la idea del ‘mileurista’, alguien que gana alrededor de €1000. El término se ha convertido en sinónimo de inseguridad laboral a largo plazo, falta de ascenso y progreso profesional y, quizá lo más crucial, los licenciados bien-cualificados entre 25 y 35 años que ejercen un trabajo muy por debajo de sus capacidades y competencias. El mileurista vive en la casa de sus padres hasta los treinta o se muda al extranjero para buscar un empleo conforme a sus cualificaciones.

Este fenómeno no es un asunto menor. Según Europa Press, casi 60% de los trabajadores asalariados en España pertenecen a esta categoría. Obviamente es un gran problema para España y sus jóvenes, que ahora creen que cursar estudios en la universidad no les garantizará un buen empleo. Actualmente, el dilema es muy claro: o haces las oposiciones y sacas un puesto con el estado cuyas ventajas son bien conocidas (buen sueldo, protección y estabilidad laboral), o aguantas como un mileurista y a ver si mejoran las condiciones. Algunos se escapan al extranjero y, cuando encuentran mejores condiciones laborales, les animan a sus compañeros para que les sigan; lo cual se define en sí como otro asunto preocupante para el país: la fuga de cerebros, de la que nunca se habla nada en la prensa (llama la atención la diferencia entre el tamaño de los artículos acerca de este tema en inglés y castellano en Wikipedia). Tan centrados en la inmigración, nadie nota la larga tradición de España como país de emigración, que ahora se expresa de una manera nueva y preocupante. En lugar de los que se marchaban a principios del siglo XX para hacerse ricos en las Américas y volver para invertirlo en España (así empezó El Corte Inglés) o aquellos trabajadores que huyeron de la dictadura por motivos políticos o económicos, son los licenciados bien-cualificados los que se marchan, llevando su pericia al extranjero. La fuga de cerebros, normalmente asociada con los países en vías de desarrollo, se vive cada día en España –un país que se declaró en el ‘Champions’ de las economías mundiales. España necesita estos cerebros para salir de la crisis y convertirse en un país verdaderamente innovador y competitivo a nivel mundial.

Otra dimensión interesante de la idea del mileurista que merece más escrutinio es la cultura de quedarse en casa de los padres hasta cumplir los treinta años. Personalmente, yo soy un mileurista y si me quedara en casa con mis padres, tendría un ingreso disponible bastante grande. O sea, la cifra de €1000 es muy interesante. Le pone difícil a cualquier persona marcharse de casa y buscar su propio piso, pero a la vez dispone de una cantidad de dinero bastante grande cada mes. Y en este mundo de consumismo, mundialización y anuncios, este dinero se gasta. Por lo tanto, un mileurista puede experimentar un buen nivel de vida mientras viva en casa (como por ejemplo múltiples vacaciones al extranjero gracias a la explosión de los vuelos baratos) pero este nivel está vinculado intrínsicamente a la idea de no marcharse de casa y así a una falta de independencia. A la vez, al cifra de €1000 significa que una vez que la persona se marcha de casa, le resultará difícil mantener tal nivel de vida. Los €1000 al mes significan mucho más que simplemente un sueldo bajo, significan depender de las generaciones anteriores de la familia.

Cambiemos a un asunto un poco diferente pero relacionado. ¿Por qué hay tanta inseguridad laboral? Despedir a un trabajador en España que disfruta de un contrato a tiempo indefinido no es barato, así que por consecuencia lo normal hoy en día es usar los contratos temporales, incluso el contrato en prácticas, a través del cual se puede contratar a un licenciado/diplomado por 60-75% del precio ‘normal’ para el mismo puesto. Genial para los mandamás y ricachones, pero un desastre para los demás. Hay quejas sobre la falta de productividad en España; si las empresas ofrecieran más contratos con vistas al largo plazo, la pericia se crecería, los trabajadores serían más felices y la economía beneficiaría. En cambio, las personas cambian de puesto temporal a puesto temporal, siempre esperando el empleo perfecto que les proporcionará estabilidad, seguridad y la ‘nómina’: importantísima para comprar propiedad o abrir ciertas cuentas bancarias básicas. Este es el motivo por el que muchos sueñan con trabajar por el estado.

La economía española padece de muchos problemas, de los cuales ‘mileurismo’ y los contratos son solamente dos. Con la tasa de paro del 20% se requiere crear puestos de trabajo rápidamente. Pero no debe significar la reducción de los derechos de los trabajadores. Los analistas y los políticos nos recuerdan de aquellos años embriagadores de la jefatura de Aznar durante los cuales el paro bajó mucho. Deberían acordarse de que el poder adquisitivo relativo del trabajador bajó durante el mismo periodo mientras los contratos temporales aumentaron. Fue un mito de desarrollo, propulsado por una burbuja inmobiliaria que le benefició a la minoría, mientras la reforma que se precisa ahora tiene que tratar las necesidades de la mayoría: los cuatro millones de parados y el 25% de los empleados que se encuentran en puestos temporales.

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