Anatomía de un instante completamente distinto

Últimamente he estado leyendo Anatomía de un instante de Javier Cercas que trata el golpe de estado que fracasó el 23 de febrero de 1981. Me parece una perspectiva interesante sobre los eventos de ese día, debido al hecho de ser un escritor y autor más que un historiador. Lo que le resulta más interesante para poder examinar y entender los acontecimientos de ese día es el gesto de Suárez cuando los guardias civiles entran en la cámara puesto que en lugar de tirarse al suelo, se queda tranquilamente en su asiento mientras las balas rebotan en el techo.

Cercas cita un ensayo de Hans Magnus Enzensberger en el que desarrolla su teoría sobre los héroes recientes de la historia. En lugar de ser héroes de la construcción de imperios y grandes estados, son héroes de ‘la retirada’: los que desmontan y se retiran del teatro político (Mikhail Gorbachev y la USSR, por ejemplo). Esa idea me impactó mucho el pasado jueves cuando José María Aznar levantó el dedo corazón hacia unos estudiantes que se manifestaban después de su discurso en Oviedo. A veces una imagen vale más que mil palabras.

¿Qué podemos sacar de ese gesto? ¿Es posible compararlo con el de Suárez?

Es cierto que Aznar no es un héroe de retirada que salió discretamente del escenario en 2004. El PP nunca ha aceptado que perdió las elecciones y el rencor aún está presente en el partido.

¿Es el gesto un gesto de desafío y entonces parecido al de Suárez? No. Hay una diferencia insalvable entre sentarse tranquilamente mientras las balas zumban por la cámara y levantar el dedo corazón a los pocos manifestantes que acudieron a un mitin clandestino con una sonrisita ufana. Para mí, la sonrisa es el elemento clave del gesto. Muestra la confianza y la seguridad que Aznar siente, además del desprecio absoluto hacia los que critican. No es el gesto de un gran estadista, sino el gesto que crea una barrera entre el pueblo y los líderes políticos: el dedo demuestra y aumenta la distancia entre los dos. Aznar está mostrando que es completamente intocable. Muy diferente, yo digo, al famoso puñetazo de John Prescott en 2001.

Aznar no es ningún punk que puede pretender luchar contra el sistema, puesto que él forma una parte del sistema en cuestión y que todavía desempeña un papel importante en la clase política española. Entonces, ¿cómo podemos definir el gesto?

Fundamentalmente, el gesto de Suárez fue en defensa de la democracia, de la transición, de su poder personal como (ex)presidente (si fue por motivos de sacrificio o para reforzar su legado personal, depende de su punto de vista). Aznar, en contraste, levantó su dedo a la democracia, a lo que se construye desde la muerte de Franco, incluso al propio Suárez. Es el gesto de un individuo vanidoso y seguro de sí mismo que, por si el gesto no quedase suficientemente claro en sí, añadió: ‘Hay algunos que parecen empeñados en demostrar que no pueden vivir sin mí.’ No es la marca de un gran estadista, sino la de un cínico rencoroso que todavía se cree en el centro de la nación. Es un gesto grosero contra la crítica y el debate, es decir, contra la sangre vital de la democracia.

Una nota adicional: Para reforzar este gesto en contra de la democracia, el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, declaró que se debería arrestar a los que manifestaron. ¿Por qué? ¿Por manifestar pacíficamente?

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